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Lago Martiánez

El Lago Martiánez es un complejo de ocio situado en Puerto de la Cruz (Tenerife, Islas Canarias).

Se trata de un complejo de unos 10.000 metros cuadrados, formado por un lago central artificial con un conjunto de piscinas, jardines, terrazas, restaurantes, etc. con el protagonismo de la piedra volcánica. Fue diseñado por el arquitecto lanzaroteño César Manrique. En su diseño mezcla elementos propios de su particular visión con elementos locales como las garitas, las empalizadas y la mirada al mar. Aparte de la obra arquitectónica, acoge una serie de esculturas del artista lanzaroteño.

El Lago, como es conocido localmente, se asentó sobre una superficie de playa y charcos (como el de La Coronela o el de la Soga) en los llamadosLlanos de Martiánez, lugar de baño de los primeros turistas a finales del siglo XIX y principios del XX.


La etapa inicial de Los Alisios
La primera etapa del proyecto se realiza en la zona de las piscinas municipales posteriormente conocidas como Los Alisios. Los ingenieros Juan Alfredo Amigó y José Luís Olcina dirigieron el apartado técnico mientras que la proyección creativa y artística la materializa César Manrique que buscará adaptar la obra al espíritu de la arquitectura tradicional canaria, incorporando elementos vegetales de la flora autóctona junto a originales e innovadoras esculturas. Un ejemplo de esto último es el móvil conocido por “Los Alisios” y “La Jibia” (calamar) que al margen de su valor artístico supone un elemento de especial atractivo en el juego de los niños en la zona de la piscina infantil.
Las piscinas se inauguran en 1971 ocupando 8.000 m2 e integrando dos piscinas para adultos y una para niños, los bares “Los Alisios” y “La Isla”, junto a otras dependencias e instalaciones técnico-mecánicas para el llenado de las piscinas con agua del mar, que se hallan perfectamente disimuladas con el carácter artístico de la obra.
Monumento a las olas, Lago Martiánez, (vista nocturna).
El Lago Martiánez
Tras el éxito de la primera fase el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz decide abordar otra etapa incluso más ambiciosa manteniendo al mismo equipo técnico y artístico, iniciándose las obras en 1975 e inaugurándose el 30 de abril de 1977.
El proyecto consiste en la creación de un lago artificial de agua de mar a modo de una inmensa esmeralda verde rodeado de solarios, playas y jardines. El lago artificial con sus islas interiores ocupa una superficie de 33.000 m² (íntegramente ganados al mar), de los cuales 15.000 corresponden a la superficie líquida.
Desde 2004 hasta el 2006 fue sometido a una gran reforma y mejora, con la iluminación de las piscinas y paseos encargadas a la casa Philips, siendo todo supervisado por la Fundación César Manrique, que preserva los trabajos del artista. En julio de 2006 se reinaugura este complejo en el que se incluye en su interior, en la antigua Sala Andrómeda, el casino de Puerto de la Cruz, que se encontraba hasta ese momento en el Hotel Taoro de esta misma ciudad.

Una joya del XIX en ruinas

La casona de la Hacienda El Robado del Parque Taoro, ejemplar único de la arquitectura victoriana del siglo XIX, fue devastada ayer por un incendio cuyas causas se investigan. No se registraron daños personales, pero sí materiales.

9/ago/08 - R. BARRETO, Pto. de la Cruz

La casona de la Hacienda El Robado del Parque Taoro del Puerto de la Cruz, uno de los ejemplares únicos de la arquitectura victoriano del siglo XIX, fue devastada ayer por un incendio, cuyas causas se investigan actualmente, sin que se registraran daños personales, pero sí cuantiosas pérdidas materiales. El siniestro se produjo sobre las seis de la mañana, según indicó el propietario del edificio, Manuel Páez Quintero, que se trasladó al lugar nada más ser avisado. Los bomberos del Consorcio contra Incendios de Tenerife con destacamento en el Valle de La Orotava se desplazaron por iniciativa propia al observar la humareda.

Las dimensiones de las llamas y la envergadura de la catástrofe requirieron refuerzos del parque de La Laguna.

El fuego fue controlado sobre el mediodía y se emplearon diversos camiones motobomba que se fueron turnando a medida que discurría la mañana.

El edificio fue construido entre 1892 y 1894 por el coronel británico Owen Peel Wethered y declarado Bien de Interés Cultural, conforme detalló el propietario actual, y en consecuencia rigen restricciones sobre cualquier acción que se vaya a realizar. Es decir, era una casona intocable, no se podía hacer nada.

Manuel Páez indicó que lleva esperando tres años desde que presentó en el ayuntamiento del Puerto de la Cruz el proyecto de rehabilitación, sin que hasta la fecha se haya dado una respuesta sobre el particular.

Los daños ocasionados por el incendio obligarán a una práctica reconstrucción del edificio, del que sólo queda la estructura, bastante afectada, por cierto.

El actual propietario cifra el importe de la restauración de esta casona victoriana en dos millones de euros como mínimo. Al mismo tiempo, mostró su desconcierto por lo sucedido y valoró la diligencia de los bomberos y de las policías Local y Nacional.

El alcalde accidental del Puerto de la Cruz, Jonay Rodríguez, se desplazó al lugar del siniestro para interesarse por las labores de extinción del incendio y ver el alcance de la catástrofe.

El Gobierno de Canarias declaró Bien de Interés Cultural la Hacienda El Robado en 1996, y en junio de este año extendió tal condición a las viviendas aledañas y caballerizas.

El secretario de la Fundación Wolfgang Köhler, Melchor Hernández, indicó a EL DÍA que en 1989, el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz dio licencia de obras a los propietarios de la casona y jardines para la construcción de un hotel-apartamento de 200 unidades divididas en siete bloques de edificación y rehabilitación de la casona de El Robado. Paradójicamente, esta obra nunca se realizó. En 1961, la compañía Ciudad Jardín de San Fernando S.A. vendió la propiedad, denominada también Quinta de San Fernando, a Internationaler Immobiliem und Verwalstungs Trust Reg. Desde esta fecha, la casona y sus jardines fueron totalmente abandonados.

Añadió que "en 1988 los propietarios se comprometieron entonces a realizar un inventario exacto en el jardín, a conservarlo y a reponer las plantas que se habían marchitado, cuestión que no cumplieron. Por otro lado, los servicios de jardines del momento del ayuntamiento realizaron dos recuentos de las especies vegetales del jardín en dos periodos diferentes. En 1981, se contabilizaron 39 especies entre plantas y árboles; en 1987, 21 especies".

La delimitación del ámbito de protección propuesto en su día por la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Canarias, y luego reforzada por el Cabildo de Tenerife, se justificó por la necesidad de preservar un ejemplar insustituible de la arquitectura victoriana de finales del siglo XIX y paradigma singular de los comienzos del turismo en el Valle de La Orotava. El inmueble ha destacado por la originalidad de su tipología, sus dimensiones y la importancia que tuvieron sus jardines, hoy bastante deteriorados.

En la delimitación se incluyen las antiguas dependencias que formaron parte de la hacienda y obviadas en el perímetro declarado originalmente; entre ellas diferentes casas terreras destinadas a cochera, casa del guarda de la finca, caballerizas, establos, almacén agrícola y cuartos de aperos, muchas de ellas con un destino residencial o comercial en la actualidad, pero manteniendo las tipologías tradicionales de módulos adosados, con muros de mampostería, con vanos modificados pero que conservan en fachada los archetes de descarga originarios, cubiertas tradicionales de teja árabe, de dos y cuatro faldones, y una buhardilla, posiblemente destinada a dependencia de las caballerizas, a modo de henar, en desuso y en espera de rehabilitación.

Ejemplar insustituible

El conjunto formado por La Casona y Jardines de San Fernando, originalmente El Robado, situado en el Valle de La Orotava, constituye un ejemplar insustituible de la arquitectura inglesa a finales del siglo XIX y, consecuentemente, representativa de la implantación cultural británica en el municipio norteño del Puerto de la Cruz. Sin embargo, el saneamiento, fontanería y las instalaciones de la edificación corresponden a un período excepcional de la tecnología británica en fase de expansión.

La casa original fue construida enteramente con piedra de cantera local, en dos plantas y varios accesos (principal y servidumbre), siendo su distribución a la manera tradicional de las casas de campo inglesas (hall, salón principal, de lectura, biblioteca, cocinas, habitaciones del servicio, comedor, escalera de servicio y principal, dormitorios, baños, aseos, etc.). Su techo se recubrió con láminas de pizarra importadas de Gran Bretaña, que posteriormente fueron sustituidas por teja curva.

El inmueble se levanta en una finca de 100.000 metros cuadrados.

A pesar de su mal estado, el porche lígneo que circunda gran parte de la edificación, seccionado mediante arcos rebajados, que se traduce en altura en una balconada descubierta, que sólo en algunos tramos se cubre con techumbre a tres aguas, coincidiendo con las habitaciones principales, era de una factura soberbia.

La obra de fábrica llama la atención por sus detalles, como la obra de encofrado entre las juntas de piedra, realmente artística; o por el hogar (chimenea) de las grandes habitaciones, recubierto en mármol o madera, que denota el cuidado exquisito con que fue construida la casa.

En el mandato del alcalde del Puerto de la Cruz, el recordado Francisco Afonso Carrillo, entre 1979 y 1983, el gobierno municipal inició conversaciones con los propietarios de la Hacienda El Robado para su adquisición y conversión en casa de la cultura. La distancia del casco urbano y las dificultades del acceso frustraron la operación, según señaló a este periódico el ex alcalde y ex delegado del Gobierno en Canarias Salvador García Llanos.

Casona de San Fernando

El conjunto formado por La Casona y Jardines de San Fernando, antes El Robado, estilo arquitectura inglesa de finales del siglo XIX, representa la implantación cultural británica en Puerto de la Cruz. Sus materiales piedra y madera, tratados con procedimientos artesanales, el saneamiento y las instalaciones de la edificación corresponden a un periodo excepcional de la construcción británica en fase de expansión.
La casa fue construida enteramente con piedra de cantera local, en dos plantas y varios accesos, el principal y de servidumbre, siendo su distribución a la manera tradicional de las casas de campo inglesas, hall, salón principal, de lectura, biblioteca, cocinas, habitaciones del servicio, comedor, escalera de servicio y principal, dormitorios, baños, aseos, etc.. Su techo se recubrió con láminas de pizarra, importadas de Gran Bretaña. Un especialista en fontanería, el señor Ernest Uren, realizó un trabajo que, aun hoy, sigue asombrando. La Casona presenta una obra de fábrica que llama la atención con detalles, como la obra de encofrado entre las juntas de piedra, que son realmente artísticas, o el hogar (chimenea) de las grandes habitaciones recubierto en mármol o madera, que denotan el cuidado exquisito con que fue construida la casa.
Existían varias zonas de césped espaciosas, que se utilizaban para los juegos de croquet (juego inglés que consiste en hacer pasar unas bolas de madera por unos arcos situados en el suelo, golpeándolos con un mazo de madera) y bolos, una cancha de tenis, cuyos restos aún pueden observarse, y por debajo de la casa, grandes huertas y jardines especiales dedicados totalmente a plantas y árboles de las islas.
La labor de captación del turismo, que posteriormente tendría tanta importancia, especialmente británico, se debió en gran parte a la labor que realizaron algunos visitantes que decidieron quedarse y construyeron casas para residir, unos esporádicamente y otros de manera permanente.
Entre ellos se encontraba el Coronel Owen Peel Wethered, que decidió edificar El Robado, según referencias históricas en el año 1887, tomado ciertamente del nombre de la calle (Bélgica, en la actualidad) que hoy discurre hacia la Clínica Bellevue y que, por aquel entonces, así se denominaba.
Desde la construcción del inmueble hasta la actualidad se transmitió su propiedad en varias ocasiones, sufriendo alguna modificación durante ese periodo. Así el Duque de Peñaranda sustituyó el techo de pizarra por la típica teja canaria y su denominación de El Robado por la de San Fernando.


Christian Köppchen

Punta Brava



Punta Brava es una zona antigua del Puerto de la Cruz situada en el lado este, al final de la Playa Jardín, que es la mejor y más bonita de las playas del norte de Tenerife.
Punta Brava mantiene la simpatía de un pueblo de pescadores y es por eso que aquí se encuentran muy buenos restaurantes nacionales e internacionales de pescado fresco.
En 200 m a la redonda se encuentran una farmacia, un banco, una iglesia, tiendas de comestibles, bares, restaurantes, una parada de autobuses y taxis. Todas las mañanas viene dos veces el panadero con pan recién horneado.
El mundialmente conocido LORO PARQUE se encuentra situado a 400 m aprox.
La playa está situada a 200m. aproximadamente, se puede llegar muy fácilmente a pie, sin escaleras.
Punta Brava no es una zona turística, lo que quiere decir que se puede disfrutar del ambiente totalmente canario.
El Tenerife antiguo todavía vive aquí a pocos minutos a pie del Puerto de la Cruz, donde se puede disfrutar de lo bonito de una ciudad turística. Punta Brava es un lugar para pescadores, bañistas, paseantes, surferos, ancianos y niños.
Aquí se puede prescindir de un coche de alquiler.
Quien haya estado aquí una vez querrá volver para siempre, Punta Brava hace que su clientela se convierta en dependientes ya que aporta una vida normal en una zona paradisíaca con el mejor clima del mundo y a los mejores precios.


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Donde Comer

de picoteo por tenerife
De picoteo por Tenerife, es una "guía real" de los sitios visitados por el autor, reflejando sus propias impresiones.
No cabe duda de que es una guía auténtica, para tener en cuenta.
 
 
 

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